AMIGOS DIALOGANTES; este post està inspirado por el momento "disque polìtico" de nuestro mundo occidental. Les sugiero refrescar sus memorias, con una sencilla bùsqueda en Google del personaje central de este texto: Prometeo. Lo que sigue es mi particular modo de parafrasear el mito de Prometeo, en el momento atual de Occidente y Medio Oriente
La humanidad del Espíritu de Prometeo, en Occidente, está sometida en su historia, a ser encadenada a la roca de las guerras, de la desolación y de los campos de batalla, porque está hecha de 3 pueblos hermanos, cuyo Padre es el Dios de Abraham: Israelitas, Islamismo y Cristianismo
El Espíritu de Proteo, se les entregó como FUEGO en el Sinaí, en Pentecostés y en la Yihad
A Israel, para tener LUZ en el caminar de su diáspora por el desierto. - Al Cristianismo, para ser FUERZA de fraternidad creativa, para el desarrollo de su ser, en el tiempo transcendente. - Al Islam, para desarrollar CONOCIMIENTO y sabiduría matemática
LUZ ortodoxa, FUERZA contemplativa y CONOCIMIENTO matemático, habrían de ser su hígado, administrador del metabolismo y desarrollo, que sólo los místicos ortodoxos, contemplativos y sufies, acogieron en la noche oscura de sus vivencias interiores.
Los demás hemos domesticado el fuego para ablandar el hígado duro del misticismo y devorarlo cada mañana con el nivel de consciencia 0 de los psicópatas, que nos permite estar con vuelo de águilas por encima de todos, comenzando por los nuestros que nos importan lo que nuestras inconsciencias.
En Israel, los expansionistas v/s los ortodoxos. En el Islam, los sunitas v/s los sufíes. En el Cristianismo, los cristianos de Oriente v/s los cristianos de Occidente y, desde ahí, con el hígado deglutido, todos v/s todos porque no nos importa ser hijos del Dios de Abraham, sino el atiborrarnos con las riquezas del hígado de nuestros hermanos, por nosotros encadenados en la roca de los campos de batalla.
Sólo Epimeteo, el Hijo de Dios y hermano de Prometeo, podrá romper los estandartes y banderas de guerra, que hondean con águilas imperiales y el carmesí de fuego, del apetito de poder.
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