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miércoles, 4 de septiembre de 2013

¡ LAS GUERRAS...OTRA VEZ, entre nosotros !

Creo que en la historia de la humanidad podemos observar esta triste ecuación:
" DUEÑOS DE LA VERDAD  +  DOMINADORES DE LAS CONCIENCIAS  =  SEÑORES DE LAS GUERRAS "... humano, muy humano... demasiado humano y así no lograremos que la humanidad esté constituida por personas humanas.

Dicen los analistas expertos que el conflicto último de Siria, en el trasfondo, es una lucha de poder entre chiitas y sunnitas, pero ha poco fueron los árabes contra los judíos; otrora, los católicos contra los protestantes; antes, los fieles contra los infieles; antaño y hogaño, los cristianos contra los paganos y, a través de todos los siglos, siempre, los dueños de la verdad, los intérpretes auténticos de la verdad... quienes se han atribuido tener el "mandato inspirado" (a saber por que espirituosa entidad) de tener que ser los salvadores de la ignorancia de... "los diferentes".

Tras ellos los convencido, de buena fe, (dominados en sus conciencias sociales, culturales, morales, religiosas, cívicas, patrióticas) que los diferentes son un peligro inminente contra el bien-estar y ante los que hay que responder con el heroísmo de la fe, como ya advirtiera Jesucristo que se haría, "matando al diferente pensando hacer un favor a Dios"

Cuán cierta y cuán triste profecía con la que El advierte a sus seguidores que así les sucederá, al igual que a El, en la historia.  Y ahora somos sus discípulos quienes matamos al diferente para hacer "el favor a la humanidad y, en ella, a Dios.  Qué claro resulta, verdad, que cuando nos justificamos MENTIMOS; nos justificamos con el "dios antropológico" para ocultar nuestra codicia.  No es la vida de los inocentes, sojuzgados a su vez por los dominadores de las conciencias del lugar,  la que nos mueve a los cristianos a intervenir en Iraq, en Irán, Egipto, Libia o Siria...  Si así fuera, la acción de defensa habría sido preventiva y a tiempo; NO, es la codicia de sus riquezas, como otrora en las Cruzadas, y por eso acudimos cuando los pueblos ya están derruidos y sus hijos, muertos.
Entonces llegamos con nuestras verdades humanas, e.d., depredadoras para saquear reconstruyendo.

Primero les vendimos las armas para que se devastaran y, luego, les prestamos más armas a cambio de la "deuda por la reconstrucción"... amortizable con sus materias primas.  De este modo somos los neo-piratas con patente de corso de la ONU o de la OTAN. Los históricos corsarios singlan, dominadores, los mares  de las conciencias satisfechas de los triunfadores y de los pueblos empobrecidos y, como sucedió en la historia, nunca liberados de la esclavitud.
 
¿Por qué de estos modos no se libera a los pueblos de este sino histórico que sólo justifica la alternancia de los dueños de la verdad, dominadores de las conciencias y señores de la guerra?...
 
Porque esa metodología la aprendimos en nuestra familia, en la cuna y la reforzamos con las escuelas, civiles y religiosas, para que nos sirva en las estructuras sociales, laborales y culturales: la finalidad es lograr la UNIFORMIDAD y para eso usamos uniformes que nos identifiquen y no nos hagan diferentes, y no la UNIDAD es decir, IGUALES DESDE LAS DIFERENCIAS.
En el discurso social-político se escucha con alguna frecuencia que las diferencias nos enriquecen; bonitas palabras, pero en la práctica, a quien viste distinto, reza diferente, habla raro, tiene costumbres extrañas etc. etc. se le excluye, se le observa con recelo y, si se puede, se le explota económicamente o se le rechaza.
 
El diálogo, que sería la alternativa ante este sino trágico de los atavismos evolutivos, no forma parte de la dinámica de nuestras familias; en ellas impera el pater familiae, el cabeza de familia, el representante de Dios, el origen de toda verdad a ser aprendida (por igual la buena como la mala o la nefasta).
Pienso que si no se instituye, como atmósfera, el diálogo dosificado y jerárquico (para poder asegurar el respeto de las diferencias) y como método la experimentación evaluada en tiempos cortos de las ideas diferentes, aportadas por los miembros distintos de la familia... será imposible que aprendamos a respetar a la persona pero no a sus ideas, sin violentarnos.

Sin aprender la cultura del diálogo la humanidad no abandonará el método de la guerra para resolver las diferencias y satisfacer las necesidades de todos y de cada uno de los distintos, en medida directamente proporcional a su participación creativa y a su posibilidad geográfica, histórica, física y mental. 

El aprendizaje del diálogo y el ejercicio del juicio crítico adulto, en la familia, es la tarea de máxima urgencia que hemos de acometer usando todos los instrumentos tecnológicos a nuestro alcance (como éste que ahora usamos, por ejemplo) para participar a otras familias de nuestros logros y dificultades; es tarea más importante que aprender destrezas y competencias pues sólo así podremos detener la otra guerra, la guerra de las violencias familiares (parentales y de género).
 
Y ante estas guerras... ¿poco o nada podemos hacer, más allá de lamentarnos y comentar lastimeramente los acontecimientos como si se tratara del clima u otro elemento natural? Creo que dos acciones hay que emprender:

1ª Usar todos los medios electrónicos para llenar el ciberespacio de denuncias contra los que se creen dueños de la verdad, contra los opresores de las conciencias y contra los señores de la guerra con nombres propios y actos reprobables y sin importar qué "uniforme" vistan.  Estos instrumentos que, en muchos casos, usaron con éxito para ser elegidos jerarcas pueden ser ahora el instrumento de evaluación de sus comportamientos, con similar eficiencia a la anterior.

   El costo a pagar, por nosotros, es el tiempo y el coraje, avalados por la verdad y una vida honorable.
2ª Colgar de las redes sociales, los ensayos de hacer de nuestras familias, una escuela de diálogo.

Juntos sí podremos derrotar a los señores de la guerra, con la paz aprendida y aprehendida por medio de vivir en igualdad asumiendo las diferencias.

¿Utopía?  Sin duda porque sólo es utopía, la perfección de lo posible. 

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