Todas las formas de vejez (cronológica, social, mental, intelectual, laboral, neurológica, psicológica, espiritual) son la consecuencia del deterioro orgánico, de la vejez biológica de la que, realmente, las demás formas se nutren, sin importar a que edad se manifieste; en algunas personas pronto y en otras más tarde en razón de muchas variables, todas ellas de carácter genético-biológicas y/o de carácter medioambiental-biológicas.

Lo grave no es que envejezcamos sino la dignidad o indignidad con que podamos hacerlo.
Hace un tiempo un amigo me contó, que se había sentido muy triste al visitar a su padre porque después de haberlo visto siempre como una persona enérgica, dinámica, ejecutora, mandona, dura ante toda adversidad y líder de toda su familia extensa, la última vez lo había visto sentado y reducido a ser observador silencioso de todo lo que sucedía en su derredor. ¿"Qué te parece, padre, lo que ves en el comportamiento de tus nietos, que van, vienen, gritan, salen, entran, opinan, dicen y contradicen"? y por toda respuesta decía una y otra vez... "todo está bien, todo está bien".
He encontrado otras personas que ante la disminución de sus habilidades o del uso de ellas, o ante las limitaciones orgánicas, o ante el deterioro mental, o ante la dependencia de otras personas, o ante la instigación de los más próximos para que no se dejen vencer por las adversidades... tienen como constante de expresión la queja: "no soy necesario para nadie, soy un trasto viejo que sólo estorbo en la vida de todos, estarían todos mucho mejor sin mi que conmigo... si pudiera quitarme la vida sin hacer daño a nadie lo haría"
Un tercer grupo de personas hace ostentación de "fe religiosa" y unas veces con manifestaciones de cierta jovialidad y otras con expresiones depresivas más o menos agudas, se quejan religiosamente y afirman que todos los días piden a Dios que las recoja pero Dios no las escucha, ni sus familiares les buscan y mucho menos tienen en consideración sus criterios o sus deseos. Se sienten en terrible soledad y sólo sirven si de ellas, los más próximos, aún pueden sacar algún provecho.
La clave de la tristeza que embarga estas tres referencias se encuentra en las distintas manifestaciones de la memoria. ¿Qué es lo que nos pasa?
Nuestro cerebro, como órgano, sólo tiene dos funciones: la de no morir y la de disfrutar porque en la medida en que dejamos de disfrutar, nos morimos.
Las demás funciones son mentales, son añadidos para lograr desarrollar estas funciones esenciales y la principal función mental, es el aprendizaje: cada experiencia que registra nuestro cerebro de manera consciente o inconsciente se transforma neuroquímicamente en un aprendizaje.
Los aprendizajes tienen diversidad de características según sea la complejidad de los mismos pero todos tienen dos características comunes: nunca se borran (salvo si las mitocondrias donde se almacenan dichas experiencias se destruyen por algún accidente) y se repiten a través de las distintas formas de memoria que tenemos, sin importar si estos aprendizajes son buenos o malos, agradables o desagradables salvo que estemos en alerta para reprimirlos y/o para cambiarlos por otros.
Ahora bien, a medida que envejecemos todo nuestro metabolismo se hace más pesado, fatigoso y lento y nuestra mente se resiste a los cambios, se resiste a aprender nuevas cosas y por eso nos sentimos impulsados a repetir el pasado, y a eso le llamamos... descansar... cuando, en realidad, es morir.
La clave que explica las expresiones de depresión, descritas, de las personas mayores es esta: se niegan a aprender nuevas formas de vivir y a emprender nuevas cosas y, entonces, la memoria sólo les sirve para repetir el pasado y quieren que los que les rodean les permitan repetir el pasado o, dicho de otra manera, que las personas que las rodean disminuyan su paso para repetir su pasado. Es absurdo ¿verdad?
En toda época de la historia este intento de detener el ritmo del tiempo ha sido un intento vano porque es contrario a la naturaleza cósmica y a nuestra naturaleza cerebral que está hecha para lo ARTIFICIAL para el artificio (ars facere = hacer arte) pero, en la época vertiginosa actual, intentar detener el tiempo resulta una quimera. La consecuencia lógica que de aquí se desprende es... la soledad de los viejos porque se resisten a seguir el ritmo de los tiempos.
¿ Hay alguna solución que acorte la distancia entre los viejos y los menos viejos (porque todos vamos envejeciendo, querámoslo o no) y que alivie y ayude a superar las depresiones seniles ? SÍ... que todos desarrollemos permanentemente alguna forma de APRENDIZAJE Y DE ACTIVIDAD NUEVA.
Esta es la manera por la que nuestro cerebro se renueva, disfruta y no se muere.
Y ¿hasta cuando aprender y crear artificios?... hasta que se nos pida "entregar la herramienta".
De cualquier otra forma , la memoria evocadora del pasado y anhelante del descanso que significa repetir lo que ya se sabe, de repetir el pasado, será el principal enemigo de una vejez digna y la condena segura para la depresión senil.

Lo grave no es que envejezcamos sino la dignidad o indignidad con que podamos hacerlo.
Hace un tiempo un amigo me contó, que se había sentido muy triste al visitar a su padre porque después de haberlo visto siempre como una persona enérgica, dinámica, ejecutora, mandona, dura ante toda adversidad y líder de toda su familia extensa, la última vez lo había visto sentado y reducido a ser observador silencioso de todo lo que sucedía en su derredor. ¿"Qué te parece, padre, lo que ves en el comportamiento de tus nietos, que van, vienen, gritan, salen, entran, opinan, dicen y contradicen"? y por toda respuesta decía una y otra vez... "todo está bien, todo está bien".
He encontrado otras personas que ante la disminución de sus habilidades o del uso de ellas, o ante las limitaciones orgánicas, o ante el deterioro mental, o ante la dependencia de otras personas, o ante la instigación de los más próximos para que no se dejen vencer por las adversidades... tienen como constante de expresión la queja: "no soy necesario para nadie, soy un trasto viejo que sólo estorbo en la vida de todos, estarían todos mucho mejor sin mi que conmigo... si pudiera quitarme la vida sin hacer daño a nadie lo haría"
Un tercer grupo de personas hace ostentación de "fe religiosa" y unas veces con manifestaciones de cierta jovialidad y otras con expresiones depresivas más o menos agudas, se quejan religiosamente y afirman que todos los días piden a Dios que las recoja pero Dios no las escucha, ni sus familiares les buscan y mucho menos tienen en consideración sus criterios o sus deseos. Se sienten en terrible soledad y sólo sirven si de ellas, los más próximos, aún pueden sacar algún provecho.
La clave de la tristeza que embarga estas tres referencias se encuentra en las distintas manifestaciones de la memoria. ¿Qué es lo que nos pasa?
Nuestro cerebro, como órgano, sólo tiene dos funciones: la de no morir y la de disfrutar porque en la medida en que dejamos de disfrutar, nos morimos.
Las demás funciones son mentales, son añadidos para lograr desarrollar estas funciones esenciales y la principal función mental, es el aprendizaje: cada experiencia que registra nuestro cerebro de manera consciente o inconsciente se transforma neuroquímicamente en un aprendizaje.Los aprendizajes tienen diversidad de características según sea la complejidad de los mismos pero todos tienen dos características comunes: nunca se borran (salvo si las mitocondrias donde se almacenan dichas experiencias se destruyen por algún accidente) y se repiten a través de las distintas formas de memoria que tenemos, sin importar si estos aprendizajes son buenos o malos, agradables o desagradables salvo que estemos en alerta para reprimirlos y/o para cambiarlos por otros.
Ahora bien, a medida que envejecemos todo nuestro metabolismo se hace más pesado, fatigoso y lento y nuestra mente se resiste a los cambios, se resiste a aprender nuevas cosas y por eso nos sentimos impulsados a repetir el pasado, y a eso le llamamos... descansar... cuando, en realidad, es morir.
La clave que explica las expresiones de depresión, descritas, de las personas mayores es esta: se niegan a aprender nuevas formas de vivir y a emprender nuevas cosas y, entonces, la memoria sólo les sirve para repetir el pasado y quieren que los que les rodean les permitan repetir el pasado o, dicho de otra manera, que las personas que las rodean disminuyan su paso para repetir su pasado. Es absurdo ¿verdad?En toda época de la historia este intento de detener el ritmo del tiempo ha sido un intento vano porque es contrario a la naturaleza cósmica y a nuestra naturaleza cerebral que está hecha para lo ARTIFICIAL para el artificio (ars facere = hacer arte) pero, en la época vertiginosa actual, intentar detener el tiempo resulta una quimera. La consecuencia lógica que de aquí se desprende es... la soledad de los viejos porque se resisten a seguir el ritmo de los tiempos.
¿ Hay alguna solución que acorte la distancia entre los viejos y los menos viejos (porque todos vamos envejeciendo, querámoslo o no) y que alivie y ayude a superar las depresiones seniles ? SÍ... que todos desarrollemos permanentemente alguna forma de APRENDIZAJE Y DE ACTIVIDAD NUEVA.
Esta es la manera por la que nuestro cerebro se renueva, disfruta y no se muere.
Y ¿hasta cuando aprender y crear artificios?... hasta que se nos pida "entregar la herramienta". De cualquier otra forma , la memoria evocadora del pasado y anhelante del descanso que significa repetir lo que ya se sabe, de repetir el pasado, será el principal enemigo de una vejez digna y la condena segura para la depresión senil.