La existencia en todas sus formas sólo se da por el movimiento; todo se
mueve regido por la ley del equilibrio termo-dinámico entre la materia y la
energía, lo que nos permite constatar que en la naturaleza cuanto existe, es,
por su contrario…esto es, por mientras el desequilibrio de la interacción entre
materia y energía asegure el movimiento. Pero este movimiento no es eterno
porque en la interacción de estas fuerzas, en el movimiento, hay pérdida de
energía calórica lo que asegura que, en algún momento, el movimiento cesará y
entonces lo existente dejará de ser.
Esto no generará la nada porque entonces la nada sería algo: la carencia
de movimiento da origen al no ser, que no se ha de confundir con “la nada”,
ésta no existe.
En la estructura Física este movimiento, da lugar a la ley del equilibrio
de fuerzas por lo que se observa cómo, a toda fuerza de acción le corresponde
otra fuerza de reacción pero de sentido contrario y de su misma intensidad.
Este equilibrio cesará cuando la energía calórica perdida en esta oposición de
fuerzas, buscando el equilibrio, haya alcanzado igual nivel; en ese momento carecerá
de posibilidad de intercambio y se producirá el no ser de las fuerzas en
equilibrio.
En Biología al estudiar la interacción dinámica entre la física y la
química se observa que, esta interacción de fuerzas a la que llamamos la vida,
en todas sus formas, busca superar la fuerza contraria de la muerte en lucha
que llamamos, lucha de contingencia necesaria o, dicho de otra manera la vida
no puede existir sin “el concepto” de la muerte, porque la muerte como entidad
no existe pues es equivalente a “la nada” que tampoco existe. Sólo existe el ser o el no ser. Al igual que en la existencia cósmica y física,
la fuerza físico-química, o vida, cesará cuando no haya intercambio calórico.
Por eso los cadáveres se enfrían, porque ha cesado el intercambio calórico
entre las estructuras físicas y químicas.
Se produce, entonces el no ser de la vida. Ésta, se transforma en las
estructuras que la compusieron: estructuras físicas y estructuras químicas, por
separado.
Lo antedicho nos permite entender el porqué del coronavirus y, hoy, del
COVID19. Los llamados coronavirus son estructuras víricas que por su forma
parecen “coronados” que han existido y existen en la naturaleza de nuestras
selvas y que son inocuos para los seres humanos pero no para las bacterias
. Los virus son a las bacterias, lo que
la muerte a la vida; los virus matan a las bacterias y sin bacterias no podemos
vivir.
Aproximadamente en nuestro cuerpo hay 20 billones de células que necesitan para
existir del aporte, aproximadamente, de 37 billones de bacterias. Los virus que
albergamos son aproximadamente 40 billones que necesitan de las bacterias para
reproducirse y seguir viviendo, pero como organismos antagónicos; las invaden y las matan. Virus en latín, significa veneno; los virus
necesitan de las bacterias para poderse multiplicar por eso las invaden y al
hacerlo las envenenan con su ARN y las bacterias mueren.
En la naturaleza este proceso de vida y muerte se equilibra pero el
resultado es la muerte inevitable como consecuencia de la pérdida paulatina de
la energía termo-quimica, de todos los elementos que componen la vida. La vida
humana no se escapa a este proceso y, aunque contamos con el aporte positivo de
mucha tecnología al servicio de las ciencias biológicas, nuestro final es el
“no ser de la vida” humana, que no hay que confundir con la vida de la persona
humana; la persona humana no muere por ser de naturaleza espiritual psico-somatizada; lo que
fallece es la vida humana por ser de naturaleza físico-química.
Con el COVID19, producto de mutaciones tecnológicamente provocadas y ahora
incontrolables, la humanidad ha roto la capacidad de respuestas de las bacterias
y células de nuestro cuerpo, encargadas de afrontar y controlar a los invasores
del cuerpo humano.
Este fenómeno no es nuevo; con la invasión europea del continente americano
de hace más de cinco siglos, cientos de étnicas autóctonas desparecieron
infectadas por virus parecidos al que ahora padecemos; pero el legado de las
personas que las componían no murió.
De este virus sabemos pocas cosas, como el modo y la agresividad de
propagación, y otras muchas desconocemos. La batalla por el ser o el no ser de
nuestras vidas humanas está en juego y, si queremos perennizar el aporte que
como personas humanas podemos dar a la historia, se nos imponen de manera
inmediata 3 obligaciones: 1° respetar las características del monstruo que
hemos creado para podernos defender de él porque… no desaparecerá; podremos
controlarlo pero no desaparecerá y por eso se está buscando frenéticamente la
vacuna que nos ayude a frenarlo. 2°
respetar a la naturaleza que, al parecer, funciona mejor sin nosotros que con
nosotros porque nos hemos creído superiores a la naturaleza y no parte de ella
y ahora la misma naturaleza nos está diciendo: personas humanas, NO SON
SUPERIORES. 3ª priorizar el desarrollo de todas las expresiones de nuestro ser
espiritual por sobre todos los otros valores apetecibles… dados los aprendizajes
a que estamos siendo sometidos para subsistir biológica y socialmente, en todo
el mundo, y porque la naturaleza se recupera, condicionada por la ejercitación
de los aprendizajes espirituales, que hemos priorizado o que hemos incorporado a nuestras vidas en este último tiempo.
La primera obligación sí la vamos a conseguir desarrollar porque si no
moriremos; la 2ª nos costará mucho porque hemos desarrollado comportamientos
obsesivo-compulsivos de abuso irracional y no vamos a renunciar a nuestra adicción de adueñarnos de lo que no nos pertenece y, la 3ª … seguirá siendo el
testimonio de minorías, por paradójico que pueda parecer no ser sensatos.