jueves, 27 de junio de 2013

¿ EDUCAR HIJOS PARA SER LIBRES ?... sí y sólo sí... ¡ TRES CONDICIONES ! ( 2 )

1- CONDICIONAMIENTO GENÉTICO PARA PODER LLEGAR A SER LIBRES

Necesitamos comenzar por ubicar el concepto de "seres libres y de libertad" porque ambos términos están manidos y es difícil evitar la confusión siendo, en realidad, dimensiones diferentes.

Seres libres son quienes tienen posibilidad temporal, histórica, local, física y psíquica de hacer elección entre varias alternativas sin riesgo grave para su integridad.  A modo de ejemplo, pensemos en cuán seres libres pueden ser, o no ser: los infantes, los seniles, los enfermos psíquicos o mentales y, en contraposición, los niños y los psicológica o los mentalmente sanos.

La libertad, es la potencialidad de, en la elección de alternativas posibles de los seres libres, hacer opción guiados por los criterios de verdad, bondad y belleza para, a través de estos criterios, expresarse creativamente y así generar cultura. 
La libertad está en contraposición con la mentira, la perversión y la fealdad porque las tres maneras de obrar aniquilan a la persona y esclavizan al ser humano, que es su base, para hacerlo involucionar hacia la condición de animal de "una especie" con más o menos destrezas.

La mentira, la perversión y la fealdad atrofian la dimensión espiritual que es lo que nos constituye en personas y, por eso es fácil constatar cuán pocas personas conocemos y si las encontramos cuántas veces, refiriéndonos a ellas, escuchamos expresiones como estas: "es que es un santo",  "yo no quiero ser santo", "¿acaso yo soy un santo?" porque cuesta ser personas, cuesta ser libres. 
 
En este trabajo el primer atavismo a superar para ser, expresarnos, sentirnos y pensar como seres en libertad es el condicionamiento evolutivo que en los seres humanos se expresa en el CARÁCTER.
Lo heredamos psicogenéticamente (en griego, carácter = sello) como cimiento para que construyamos (trabajo) la personalidad y su estructura es neuro-endocrina y, por lo mismo, irrepetible (incluso en los gemelos univitelinos).
 
Nuestra personalidad cambiará a lo largo cada etapa de  la vida con el aporte de muchos aprendizajes pero todos tendrán el sello "característico, el caracterológico" que de distintos modos nos inducirá a obrar guiados por la "ley del menor esfuerzo" por la pereza que anula la creatividad y la cultura.  Dicho de otro modo, nos inducirá a comportarnos, pensar y sentir como humanos-como animales humanos-como animales.
Esto lo hemos constatado cada vez que hemos oído o dicho: yo soy así; no puedo o no quiero cambiar; me tienen que querer así; la gente no cambia; defiendo mi autoestima. Todas son expresiones de la mentira a que nos induce el carácter para asegurarse hacer el menor esfuerzo posible, para vivir en paz con la pereza.

La ley del menor esfuerzo, la pereza caracterológica (en cada individuo tiene expresiones distintas) es el primer obstáculo para poder ser libres, para expresarnos libremente y para pensar con libertad y nos induce a la mentira como forma de vida.
La mentira se engendra en nosotros por el temor; es la forma por la que intentamos evadir todo lo que nos causa miedo y recurrimos a lo que nuestra inteligencia caracterial (intuición) nos hace ver que tiene menor costo: ley del menor esfuerzo y así mentimos y nos mentimos.

La pereza caracterológica lleva incrustada la soberbia (orgullo o vanidad, según se quiera decir) de la autoafirmación, que es la manera de convencernos y autoengañarnos de que, en la medida en que obliguemos a los que nos rodean a pensar, expresarse y obrar como nosotros queremos, en esa misma proporción estaremos seguros.
Nada más perversamente engañoso porque la verdad está fuera de nosotros, en la suma de los otros... hasta el Absoluto.

Guiar la vida por la "verdad" nos exige superar nuestro carácter, dominar nuestro carácter por lo que psicoanalíticamente se conoce como el "Nosotros del Yo".  Dicho de otro modo, dominar nuestro carácter guiados por dos  fuerzas: la aceptación y servicio "del otro" y la actitud intelectual crítica que se resume en "denunciar, anunciar y comprometerse" en el cambio.

Para dominar la espontaneidad del carácter se necesita mucha fortaleza de ánimo y perseverancia en silenciar el deseo de dominar, de vencer, "de salirse con la suya": hay que ser muy fuerte. En cambio para dejarse llevar por la espontaneidad del carácter, basta tolerar la propia debilidad.

La autoafirmación en el carácter que hemos recibido psicogenéticamente sin el filtro del autocontrol, es un error del que sólo se puede esperar "falsedad y soberbia" = "violencias y muertes" de las más diversas formas y colores.

Estos factores caracteriales  condicionan la doble actitud de que nos hablan Mari y Merce: miedo y autoengaño a tener que ser diferente con cada hijo porque cada hijo es único caracterológicamente y miedo y engaño a dejar que cada hijo se exprese libre y creativamente en el contexto social que elija, porque puede poner en riesgo nuestra imagen social de buenos educadores.

Para encubrir estos temores los padres proyectamos lo que llamamos "valores trascendentes" cuando, en realidad y en el mejor de los casos, son los valores sociales a los que hemos dado categoría de guía para buscar la verdad pero que casi siempre han sido las formas cómodas de vivir sin asumir el riesgo del error, de la equivocación, del cambio, por no mirar a "los diferentes".

Pero cuando los padres educamos hacia la libertad y verdad encontramos, frecuentemente, con que los hijos nos echan en cara no haber recibido toda la ayuda que hubieran querido y que, como consecuencia, tendrán que afrontar limitaciones que habrán de cubrir, por su cuenta, recurriendo a otras fuentes de educación complementarias.

Igual los padres que los hijos hemos de asumir que la educación en la libertad nos confrontará con limitaciones que constantemente deberemos superar desde el control de la espontaneidad caracterial y desde la humildad; sólo así seremos veraces.




 

12 comentarios:

  1. Como siempre, leer un post tuyo, es sinónimo de pensar y meditar cada frase, pues encierra muchísimo fondo y trasfondo.

    Este post me hace preguntarte un par de cuestiones.

    1. Si nuestra personalidad esta fundada en nuestro carácter, que ha recibido la acción moldeadora de las experiencias vitales, éxitos, frustraciones, limitaciones y potencialidades; ¿no es entonces un componente siempre cambiante y al mismo tiempo imperturbable de nuestra naturaleza y por ende, de nuestra existencia?, y por tanto, ¿no se constituye a la vez en lacra y potenciador de nuestra propia libertad?

    2. Por otro lado, si el dar rienda suelta a nuestro propio carácter, se traducirá en auto esclavitud, dependencia, mentira, subyugación de los otros etc . y por ende, de be ser evitado, corregido y controlado; ¿por qué se produce en nosotros la sensación de placer y bienestar cuando se presenta la situación contraria?. ¿Dónde está el límite entre la auto afirmación y la ceguera / soberbia?. ¿Esta en nosotros mismos?, o por el contrario, ¿no estará en la interacción con los demás?.

    3. Si la libertad es una potencialidad que debe ser ejercitada y auto impuesta día a día. Que hará que nos expongamos y distanciemos a y de nuestra sociedad más inmediata. ¿No debería en contrapartida compensarnos el esfuerzo?, ¿gratificarnos de algún modo?

    ResponderEliminar
  2. Es claro para todos, Juanjo, que tus preguntas valen mucho más que el contenido del post y ese es el valor del diálogo. Esto me obliga a contestar por partes y respetando tu formación como médico.

    1.- Sí, el carácter es psicogenético y por lo mismo acompañante perenne de la existencia pero, por efecto de la evolución de nuestro encéfalo y especialmente de los lóbulos frontales, es condicionante sumamente potente pero no es determinante de nuestro comportamiento. Nuestra voluntad (intencionalidad volitiva = inteligencia pre-frontal) puede y DEBE orientar la espontaneidad de la inteligencia emocional cuya base es la estructura diencefálica (límbica, talámica, subtalámica y amigdalar). Ambas estructuras corticales están unidas por el neocortex que, a través de las funciones intelectivo-abstractas de éste, las potencia y permite la interacción mutua superando el determinismo de los instintos, a excepción del instinto de supervivencia y, por contraposición (porque nada existe sin su contrario en la naturaleza) el instinto de muerte o tanático. Los denominados instintos que no sean los antedichos, en riguroso análisis biológico, no existen; solamente serán pulsiones de mayor o menor intensidad pero no instintos.

    Ahora bien, considerando que el volumen de nuestra masa diencefálica es ligeramente superior al 70% del total del cerebro y que la masa prefrontal se calcula que no alcanza a superar el 5% que se potencia con alrededor del 26 % de la masa neocortical... nos caben dos reflexiones: Primera, que la lucha entre la espontaneidad del carácter (que se hace humano porque se tiñe de racional con la estructura neocortical) y los dictámenes de la intencionalidad volitiva (de los valores altruistas y trascendentes) será una lucha sin cuartel hacia el logro de ser personas, esto es, + que seres humanos que nos acompañará toda la vida porque la tarea de ser personas es algo que comienza y acaba en cada jornada. Carpe diem, decían los romanos y con razón o, a cada día le basta su propio afán. En cambio, ser humanos, demasiado humanos, es fácil, basta dejarse llevar por el carácter que sabrá acomodarse -emocionalmente- a lo que convenga.

    Segunda; tienes razón al decir que puede ser entendido el carácter tanto como lacra o como potenciador de nuestra libertad; eso dependerá de si activamos el 5% de nuestra masa encefálica más evolucionada, o no. Es claro que eso exige vigilancia y esfuerzo sostenido para luchar contra nuestra espontaneidad, buscando sólo el logro de ser PERSONAS

    ResponderEliminar
  3. Tu segundo cuestionamiento...

    La emoción de satisfacción, gozo, placer, éxito, triunfo (que este espectro suele recorrer) tiene como motivación única la descarga sin control de dopamina y adrenalina cuando nuestro cerebro primitivo y más voluminoso puede expresarse "yo soy así" "yo así venzo y domino" "yo así soy aplaudido y temido"... El límite de la ceguera y soberbia estriba en la irracionalidad (ya no hablemos de intencionalidad trascendente-volitiva-intencional) de creernos que por nosotros solos y para siempre podemos seguir experimentado ese estado de euforia emocional. La ceguera de la soberbia consiste en autoengañarnos creyéndonos superiores y autosuficientes; no pensamos, siquiera, en el efecto de contra-reacción que genera toda acción. Tienes razón, por consiguiente, al decir que la satisfacción de nuestra emocionalidad tiene que ver con la respuesta interactiva pero, para ser personal (+ que humana ) de ti, de mi. de cada uno depende que sea guiada por el cerebro prefrontal y no por el diencéfalo

    ResponderEliminar
  4. Tu tercer cuestionamiento... es un pan que tiene mucha miga.

    Es verdad, como quiera que el diencéfalo tiene tanto poder neurológico y fuerza de masa, cada vez que hacemos cualquier esfuerzo por autocontrolar nuestro carácter que no se vea coronado con el éxito, buscará por sí mismo compensarse de algún modo, gratificarse de alguna manera y las formas más rápidas de compensación que encuentra son: la agresividad (en todas sus formas) y el sexo (en todas sus variantes). Ambos procedimientos pueden echar al traste todo el esfuerzo realizado (sin olvidarnos que ser libres, ser personas, es tarea que se ha de renovar diariamente) e.d. que borramos con el codo lo escrito con la mano (cosa que sólo pueden hacer los zurdos).

    ¿Qué hacer? Ser vigilantes y compensar gratificante y ordenadamente todos y cuantos esfuerzos hagamos porque, de no hacerlo, nuestro diencéfalo lo hará desordenadamente por nosotros a la manera antedicha. Hemos de ser creativos para compensar nuestros esfuerzos sin esperar que otras personas nos los reconozcan, comenzando, claro está, por valorar lo que hacemos.

    ResponderEliminar
  5. Ciertamente, todo lo expuesto tiene una estructura y orden claro, y por ende aparenta ser "asequible y realizable", mas no fácil de ningún modo.
    Lo que planteas lo hemos hablado tú y yo en más de una ocasión. El problema está en que llevado a la práctica, a la vida diaria, supone por un lado el sojuzgar y en definitiva limitar nuestra espontaneidad y reactividad (ante cada causa un efecto, y ante cada acción una reacción igual o superior a la precedente). No dudo que esto sea enriquecedor espiritualmente hablando (a mediano y largo plazo.... muy largo....), y que sea no sólo saludable intelectual y socialmente, sin embargo, creo que habría que acotar, debe haber siempre un condicionante, un limitador a este esfuerzo de autoimposición pre encefálica o prefrontal, y es la preservación del individuo. No hablo únicamente a nivel meramente biológico, sino, a nivel intelectual / social / familiar/ proyectivo....
    Creo que en tu análisis, falla este punto (o por lo menos, en estos textos, no se ve reflejado...) y es que siempre y cuando la proyección y desarrollo de LA PERSONA en si misma, no esté comprometido y anulado (parcial o totalmente) se podrá controlar ese área caracterial. De lo contrario, la presión emocional, psíquica e incluso física, harán que aparezca una válvula de escape (más o menos ordenada... en eso coincido contigo), o una explosión vital, más o menos trascendente.

    Mahatma Gandhi, es probablemente una de las personas que más trascendió a su tiempo, y me parece (por lo poquísimo que se de el) que planteaba una postura tremendamente crítica de su sociedad, y al mismo tiempo, enormemente dura sobre si mismos y los demás, similar a la aquí expuesta (en su vertiente más radical claro). La pregunta es, cómo terminó?????
    Estoy más que de acuerdo contigo al plantear que únicamente existe un instinto ingobernable (el de la supervivencia, dado que su antítesis se ve siempre subyugado al primero), pero, si esto es así, quiere decir que en situaciones socialmente normales (no un riesgo vital inminente) dicho instinto estará detrás de todos los otros "instintos, reacciones o perversiones varias". Ergo, todos tienen una base biológica.

    Ya me dirás lo que opinas al respecto.

    ResponderEliminar
  6. Querido Juanjo; lo que dices es cierto y, con tus aportes, me permites ajustar deficiencias y limitaciones propias de la estrechez del texto y de la obsesión, por mi parte, de transmitir algunas ideas que considero fundamentales y que se olvidan intencional y sistemáticamente en los procesos educacionales de las personas y en la vida diaria de las mismas porque, como muy bien dices, vivirlas exige priorizar la dimensión del espíritu a cualquier otra dimensión de nuestro ser de personas y aceptar el silencio y soledad por compañeros de existencia.

    Esto es muy duro y estoy de acuerdo contigo y así lo hemos hablado que: el control sistemático de la espontaneidad de nuestro carácter y la supeditación de nuestras necesidades ante las de los demás con el solo límite del abuso mal-intencionado, requiere equilibrio; vale decir, tenemos que aprender a darnos compensaciones "ordenadas por la bondad, belleza y verdad" a fin de no caer en la trampa, que nuestro encéfalo nos pondrá siempre, de buscar compensaciones igualmente espontáneas y en contra de nuestro organismo, de las formas más diversas. Mencionas a Gandhi... esto fue lo que le pasó; se descuidó al final; con todo, la resultante es... ¡qué gran persona!!! más allá de sus limitaciones.

    Tu último acápite, no tiene contraste posible: instinto, pulsión, pasión, apetencia, emoción ("todos puntos del mismo vector") tienen base y estructura físico-química y, al mismo tiempo, por la evolución biótica de nuestro cerebro, son susceptibles de control y orientación tanto orgánica como emocional e intencionalmente (en distinta cuantía, ciertamente). Algo imposible de explicar solamente teniendo en cuenta su base y estructura.

    Ha sido un placer, para mi, dialogar contigo, a este nivel. Deseo nos sea útil a ambos para vivir con coherencia y libertad de espíritu.

    Gracias, muchas gracias

    ResponderEliminar
  7. Te cito:"Seres libres son quienes tienen posibilidad temporal, histórica, local, física y psíquica de hacer elección entre varias alternativas sin riesgo grave para su integridad. A modo de ejemplo, pensemos en cuán seres libres pueden ser, o no ser: los infantes, los seniles, los enfermos psíquicos o mentales y, en contraposición, los niños y los psicológica o los mentalmente sanos".


    En otra entrada hablábamos del llanto de los menores como herramienta o don para luchar por su supervivencia, por sus derechos…
    ¿Cómo educar en el silencio creativo, como seres libres, a esos niños a los que ese “don” no les resultó eficaz? La inmensa mayoría creerá que si en algún momento esa situación se invirtió, se solucionó el problema, pero supongo que me darás la razón sobre que eso no es así.
    Cómo educar entonces a esos niños no psicologicamente sanos, pero que la sociedad se empeña en calificar de niños con suerte que se deben sentir agradecidos por el cambio favorable que vivieron en sus vidas?
    Merche

    ResponderEliminar
  8. Ahora soy yo el que dice Ufff. qué difícil me lo pones para contestar en espacio breve porque en lo que acotas, con mucha precisión, tiene muchos componentes de aprendizaje orgánico -neurológico- y, en estas condiciones, sólo quienes cuenten con el azar genético de un carácter con intensa capacidad de creatividad autónoma o de aprendizaje de creatividad aprendida, podrán librarse del yugo de la esclavitud impuesto en la primera infancia.

    Los demás, poco tendrán que agradecer a la vida, a la sociedad o a Dios porque estos tres entes habrán sido anulados por la acción perversa de alguien; consciente o inconsciente en la perversidad... el resultado será el mismo: limitación grave de la libertad y, consiguientemente casi inevitable esclavización a la condición de seres humanos.

    Digo casi inevitable... porque el cerebro humano tiene, con alguna frecuencia, respuestas resilentes sorprendentes que, hay que decirlo claramente, dan siempre esperanzas pero con igual claridad hay que añadir que son muy lejanas.

    Gracias Merce por tu atinado alcance. Julián

    ResponderEliminar
  9. Si solo son los demás los que no deben agradecer ¿quieres decir que los niños que vivieron el cambio sí? ¿Como podrán liberarse y -te cito de nuevo- "de responsabilidades emocionales para afrontar los retos de creatividad que la humanidad nos plantea"? Si ya son lejanas de por sí sus posibilidades de crecer y convertirse en seres libres, si seguimos empeñados en que tienen que mostrarse agradecidos, parece que lo tienen más que complicado diría yo.
    Merche

    ResponderEliminar
  10. Merche, son ciertas las limitaciones de las que hablamos al igual que son ciertas las posibilidades que nos da la vida, la sociedad, Dios (los tres entes o como quieras llamarlos) para expresarnos limitadamente libres y creativos.
    Una cosa es cierta: sin importar la cuantía de facilidad que se nos haya dado... se nos ha dado, no somos autónomos, somos seres en relación y contingencia necesaria.

    Por consiguiente, toda vez que hayamos encontrado nuestra relación de contingencia (vida, sociedad, Dios, los tres) nos es indispensable establecer con ella RECIPROCIDAD o, por el contrario tendremos en nuestra egotización el costo necesario por habernos apropiado de lo que se nos dio para ser compartido habiéndolo incrementado (eso que los romanos llamaron -bonum per se difusum- "el bien tiene en sí la necesidad de crecer o expandirse"); ese costo es la psicopaticidad aguda (psicopatía - el ser psicópata)

    Consiguientemente; contando con las limitaciones, todos estamos obligados a la gratitud o reciprocidad, que en este caso tiene valor de equiparidad, porque en ello nos va la salud integralmente entendida. En esto se ha de notar nuestra "igualdad" de personas humanas, que no debemos confundir con "uniformidad" entre personas humanas.

    Educar en este valor de trascendencia es labor titánica.

    Gracias, Merche por tus aportes. Julián

    ResponderEliminar
  11. Julián olvidé que quería responder a este comentario porque cuando lo leí no tuve tiempo. Yo me refería una vez más al tópico que me gustaría desmitificar de que una persona que acoge o adopta un menor es alguien especialmente generoso al que por tanto el menor beneficicado debe una especial gratitud. No solo no lo considero verdadero, sino que he podido comprobar como hace daño a quienes se les aplica.

    Por lo demás estoy de acuerdo en que, por salud mental, debemos agradecernos unos a otros, pero en este caso no más que cualquier hijo que haya tenido unos padres digamos "medianamente adecuados" y como yo siempre le digo a mi hija, es mucho más importante que valoremos lo que tenemos que no estar pensando en lo que nos falta o nos gustaría tener, porque si no nunca nos podremos sentir minimamente felices y saludables.

    Gracias por dejarme hablar de estas cosas,
    Merche

    ResponderEliminar
  12. Qué bueno tu aporte Merche, sobre el valorar y disfrutar lo que tenemos porque nos permitirá compartirlo; pero si lo comparamos con otras realidades, llegaremos a la conclusión de que la historia está en deuda con nosotros y nos faltará siempre. Será inevitable que de ahí no pueda surgir la conciencia de ser personas entre personas y para las personas.

    En cuanto a lo que puntualizas en el primer párrafo, es verdad que habrá quien sobrevalore su actuar "borrando con el codo lo que escribió con la mano", lo que puede tener dos causas posibles: que su motivación haya tenido más peso en la necesidad de satisfacer una apetencia personal que en la búsqueda del bien del menor o, como segunda causa, que su reacción sea la consecuencia de una seguidilla interminable de insatisfacciones o fracasos educativos que lo desbordan y que no sabe asimilar de forma adulta. En cualquier caso es doplorable.

    Las dos consideraciones que has hecho las estimo muy valiosas. Gracias por dialogar conmigo.

    ResponderEliminar

Translate